Hoy en AFINE vivimos una jornada especial. No fue un día más. Nos reunimos como equipo en bodega El Legado para compartir un almuerzo de despedida con Jorge, quien después de cinco años impecables de trabajo, se retira para disfrutar de una merecida jubilación.

Primero, agradecer a Santiago y a toda la familia Marzuca por recibirnos en El Legado, por la calidez de siempre, por hacernos sentir como en casa y por regalarnos una experiencia completa: desde el recorrido hasta el almuerzo, todo fue impecable.

Segundo,

hablar de Jorge no es solo hablar de un compañero que se va. Es hablar de un pilar. De una persona que estuvo desde el mismísimo comienzo, cuando todo era apenas una idea en el aire, un proyecto sin infraestructura, sin trayectoria, sin certezas. Cuando yo tenía 25 años y solo una visión en la cabeza, Jorge (con toda una carrera consolidada y más de 30 años de experiencia haciendo quesos) decidió dar un salto de fe.
Y ese gesto lo dice todo.
Porque Jorge no necesitaba hacerlo. Tenía un trabajo estable, estaba bien posicionado, tenía la vida resuelta. Pero eligió apostar por algo nuevo, incierto, desafiante. Eligió meterse en una fábrica que todavía no existía, con un equipo joven, con maquinaria aún por instalar. Eligió acompañar este sueño desde el minuto cero. ¿Qué clase de persona hace algo así? Una con alma inquieta. Con amor por lo que hace. Con una convicción profunda de que siempre se puede hacer mejor.

Y lo hizo. Durante cinco años, Jorge fue sinónimo de excelencia. Bajo su mirada y su mano experta, no hubo una sola producción fallida. Ningún desvío. Ningún margen de error. Siempre defendiendo a muerte el estándar de calidad que hoy nos define. Siempre enseñando, cuidando, corrigiendo en silencio, transmitiendo oficio con cada movimiento.

Hoy lo despedimos con un profundo agradecimiento. Pero también con la certeza de que su huella en AFINE es imborrable. Porque lo que somos hoy, en buena parte, lo fuimos construyendo gracias a personas como él.
Ojalá que esta nueva etapa le regale todo lo que merece: tiempo para él, para su señora, para cocinar juntos, para disfrutar la vida con la misma pasión con la que trabajó cada uno de estos años.

En AFINE decimos que el corazón del proyecto son las personas. Primero las personas, después todo lo demás. Y Jorge encarna eso a la perfección. Su compromiso, su generosidad, su humildad, son el mejor recordatorio de por qué hacemos lo que hacemos.
Gracias por tanto, Jorge. Esta siempre va a ser tu casa.
