Ir al contenido

Tormenta, caos y una mesa de 15 metros: la reinvención de la Cena dell’olio

En menos de 45 minutos.

Cuando imaginamos la Cena dell'olio en Almazara Longo, todo estaba fríamente calculado: una jornada en el campo con los invitados conociendo el proceso productivo del aceite de oliva, recorriendo los olivares, aprendiendo sobre la sanidad vegetal, viendo la cosecha en acción y el proceso de extracción en la fábrica. Todo culminando con una cena espectacular, bajo los olivos, iluminados por luces cálidas, con una mesa de 15 metros vestida a la perfección y cada comensal con su botella individual de aceite de oliva extra virgen. Un evento impecable, digno de una postal.

Pero la naturaleza tenía otros planes.

Apenas llegaron los invitados, el clima empezó a mostrarnos su verdadera intención. Primero una llovizna, después unas chispas molestas y, finalmente, una lluvia contundente que desmoronó toda posibilidad de seguir con el evento tal como lo habíamos previsto. Y ahí vino el momento crítico: la mesa de ensueño, los arreglos florales, los manteles impecables, las servilletas perfectamente dobladas, los cubiertos brillantes, las copas alineadas como soldados, las velas listas para encender, el esfuerzo de Carolina... todo bajo una lluvia inclemente. En ese momento, la única opción era actuar. 

Lo que siguió fue digno de una coreografía perfectamente ensayada, aunque en realidad fue puro instinto y trabajo en equipo. En menos de una hora, el equipo, con el agua hasta los tobillos y la adrenalina al tope, desarmó toda la puesta en escena y la subió a un camión. La mesa de 15 metros desapareció de los olivos y, como por arte de magia, reapareció dentro de la fábrica. Entre tanques de acero inoxidable, la maquinaria de extracción, los cajones de herramientas y las bombas, se improvisó una puesta en escena que sorprendió hasta a nosotros mismos.

Mientras tanto, los invitados fueron recibidos con una picada, cafecito, una copa de aperol y la ingeniera Danah, quien en una demostración de temple absoluto, les relataba el proceso productivo del aceite de oliva. Todo con la intención de distraerlos del pequeño detalle de que afuera caía agua como si no hubiera un mañana, y adentro, un batallón de 20 personas corría para tener todo pronto cuando se abriera la puerta de la fábrica. 

Cuando finalmente se reveló la nueva ubicación de la cena, los invitados quedaron fascinados. Hubo quienes pensaron que la "mudanza express" de la mesa formaba parte del show, que todo había sido calculado con precisión milimétrica para generar impacto. Incluso el camión de las aceitunas, que en el apuro enganchó un árbol a la pasada, y uno de los chicos que terminó emboscado por una rama, parecían ser parte de una experiencia perfectamente guionada.

Nada más lejos de la realidad.

Y así, sin más preámbulos, nos sentamos todos a la mesa. Entre los tanques de acero inoxidable y la maquinaria de la almazara, apareció la Chef Rosina, lista para deslumbrarnos con su magia. Subida a un cajón de aceitunas, golpeó suavemente el vidrio de una jarra de agua para capturar la atención de todos. El murmullo cesó, las copas quedaron en suspenso y, con su energía inconfundible, nos sumergió en la experiencia que estaba por comenzar.

“La cena de hoy es un homenaje al óleo”, anunció con entusiasmo. No era solo una cena, era un recorrido por el sabor, la historia y la tradición del aceite de oliva. Nos presentó, plato a plato, el menú diseñado para resaltar su pureza y versatilidad. Como por ejemplo la sopa Toscana di Frantoio, una receta tradicional a base de zapallo y papa que alcanzaba una profundidad de sabor incomparable gracias al toque del aceite de oliva virgen extra recién extraído. O el estofado de carne y vino tinto, cocido lentamente hasta alcanzar una textura increíblemente tierna, acompañado de un cremoso de papas que contrastaba a la perfección con la intensidad del plato.

Pero los postres fueron los que terminaron de robarse la noche. Las frutas en almíbar servidas con queso cuartilolo de AFINE, cremoso y suave, fueron una combinación inesperada pero absolutamente deliciosa. Luego, una mousse de chocolate con aceite de oliva Longo y escamas de sal, donde la untuosidad del aceite potenciaba la profundidad del cacao. Y para cerrar con broche de oro, el helado desarrollado por Grøt, un helado de aceite de oliva Longo, que sorprendió y enamoró a todos los paladares presentes.

Pero acá está la gran lección: podes planificar todo hasta el más mínimo detalle, pero siempre habrá un factor externo que ponga a prueba tu capacidad de reacción. Todo está en no bajar los brazos, encontrar la alternativa correcta y tomar decisiones rápidas con la cabeza fría.

Y si hay algo que quedó claro esa noche es que el gran diferencial de un evento no es el decorado ni la locación, sino el equipo. El equipo que, sin dudarlo, dejó todo para que la experiencia fuera excepcional. Que movió cielo y tierra (y mesa)😂 en tiempo récord. Que hizo que, contra todo pronóstico, la Cena dell'olio terminara siendo una noche inolvidable. 

Porque al final, lo que realmente hace memorable una experiencia no es lo que sale según lo planeado, sino la capacidad de convertir un contratiempo en una historia digna de contar.

Identificarse dejar un comentario
Fantasía, quesos y un libro que ya es éxito
La Picada con Valentina Marini y Anna O’Malley