Bolitas en su líquido.
De peso variable, sumergidas en su líquido y envasadas al vacío en pouch o doy pack. Venta al peso neto del queso.
La flor de la leche. Fresca, como tiene que ser.
Así se llama en Italia la mozzarella de leche de vaca. La hacemos como allá.
Hilando la masa a mano en agua caliente hasta lograr esa textura fibrosa, suave y elástica que la hace inconfundible.
Pasta blanda, lisa y fibrosa, de color blanco uniforme y sin corteza. Al cortarla libera su propio líquido, la mejor señal de que es fresca. Su sabor es láctico y apenas ácido.
Incorporamos una hiladora y formadora DIMA, traída de Módena, Italia, de uno de los fabricantes de referencia en quesos de pasta hilada.
La masa se calienta en agua y se estira hasta que sus proteínas se ordenan en fibras, todas en la misma dirección. De ahí nace la textura suave, elástica y fibrosa que distingue a una buena mozzarella.
El que soportan las manos. La máquina trabaja con agua más caliente y de forma constante, y eso cambia el resultado.
Así la textura se mantiene firme y pareja desde que sale de la planta hasta que llega a tu mesa.
En rodajas con tomate, aceite de oliva y albahaca. Entera, al centro de la mesa. O sobre una pizza recién salida del horno.
Sacala de la heladera unos minutos antes de servir y vas a sentir toda su cremosidad.
De peso variable, sumergidas en su líquido y envasadas al vacío en pouch o doy pack. Venta al peso neto del queso.
Guardala en la heladera. Cerrada dura 20 días. Una vez abierta, mantenela siempre en su líquido y disfrutala dentro de las 24 a 48 horas.
La flor de la leche. Fresca, como tiene que ser.
Así se llama en Italia la mozzarella de leche de vaca. La hacemos como allá.
Hilando la masa a mano en agua caliente hasta lograr esa textura fibrosa, suave y elástica que la hace inconfundible.
Pasta blanda, lisa y fibrosa, de color blanco uniforme y sin corteza. Al cortarla libera su propio líquido, la mejor señal de que es fresca. Su sabor es láctico y apenas ácido.
Incorporamos una hiladora y formadora DIMA, traída de Módena, Italia, de uno de los fabricantes de referencia en quesos de pasta hilada.
La masa se calienta en agua y se estira hasta que sus proteínas se ordenan en fibras, todas en la misma dirección. De ahí nace la textura suave, elástica y fibrosa que distingue a una buena mozzarella.
El que soportan las manos. La máquina trabaja con agua más caliente y de forma constante, y eso cambia el resultado.
Así la textura se mantiene firme y pareja desde que sale de la planta hasta que llega a tu mesa.
En rodajas con tomate, aceite de oliva y albahaca. Entera, al centro de la mesa. O sobre una pizza recién salida del horno.
Sacala de la heladera unos minutos antes de servir y vas a sentir toda su cremosidad.
De peso variable, sumergidas en su líquido y envasadas al vacío en pouch o doy pack. Venta al peso neto del queso.
Guardala en la heladera. Cerrada dura 20 días. Una vez abierta, mantenela siempre en su líquido y disfrutala dentro de las 24 a 48 horas.